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Euroliga – cuartos – jornada 3

Baskonia

Real Madrid

El Real Madrid jugará la final a cuatro en Berlín. Sumó su tercera victoria consecutiva, esta vez en el Buesa y superó al mejor Baskonia de la serie, que dio la cara hasta partírsela. Tendrán que esperar otro año. Implacable el equipo de Chus Mateo, cuando al equipo vitoriano le empezaron a fallar las fuerzas, a flaquear las piernas, a nublársele la vista en los tiros. Se secó la fuente de Howard en el bando local, fluyó la de Yabusele en el visitante y apareció Campazzo para los rotos y los descosidos, para anotar seis puntos decisivos y para liderar a un equipo poderoso, en el que Tavares no estuvo como otros días, pero el fondo de armario es tan amplio que ni siquiera hizo falta su mejor versión.

Brillan los vestidos de las cheerleaders y sus pompones azulgranas mientras los marcadores de la pista indican un resultado de los globetrotters, un 153-131 al final del primer cuarto, y se enfrían los jugadores mientras esperan que se arregle el desaguisado, que obedece a un fallo informático del programa de la Euroliga. Ha sido un buen comienzo para los dos, pero el resultado verdadero a esas alturas no es tan disparatado, sino de empate a 22 después de la última canasta de Poirier, el madridista más silbado por aquello de que antes fue baskonista. “No hemos sabido parar sus transiciones en la primera parte”, confiesa Chus Mateo. “Baskonia tiene un jugador que es extraordinario”, se refiere a Howard, “y Marinkovic ha jugado un gran partido. También Miller-Macyntire y Rogkavopoulos”, asegura el entrenador madridista.

La sensación es de igualdad en esos minutos, aunque el Baskonia parece jugar con un punto más de intensidad. Todavía no ha salido a la cancha Kotsar, en un día de emociones para él, después de ser padre por la mañana. ¿Llegará su hijo con un pan debajo del brazo? Cuando sale comete una falta, después anota su primer tiro, pero no es determinante.

Después del festival anotador de la primera parte (56-52), el Baskonia sale vivo y coleando, con la esperanza de mejorar, o al menos, igualar sus prestaciones en la segunda. Había conseguido ventajas de hasta diez puntos frente a un Real Madrid que salió frío en el segundo cuarto, después del largo parón por un fallo informático. Mejor en el rebote, pese al poder intimidatorio de Tavares y Poirier, el Baskonia pudo correr a campo abierto y aprovechar la muñeca de Howard y acabó con ventaja camino del vestuario.

Después de varios errores por ambas partes, otra vez fue el Baskonia quien tomó la iniciativa en la segunda mitad y aumentó la ventaja hasta los diez puntos, pero el Madrid la fue rebañando poco a poco. “Queríamos llegar con opciones al final, porque sabíamos que al Baskonia le podían pesar las piernas. Hemos llegado con una distancia que nos permitía remontar”, decía Mateo.

Sobrevivieron los vitorianos y afrontaron los diez minutos finales con la mínima diferencia (73-72), así que todo quedaba para el último cuarto. Empezaban a fallar las fuerzas de los vitorianos y el equipo blanco lo sabía. “Baskonia ha aprovechado sus bazas mientras les ha durado el motor”, comentaba Chus Mateo al final. “Han jugado a un ritmo muy alto y probablemente eso nos ha beneficiado un poquito”.

Consiguió por fin el Real ponerse por delante (73-75) después de un triple de Gabi Deck, pero reaccionó el Baskonia, para escalar hasta los cinco de diferencia, aunque se quedó clavado en 80 puntos mientras el equipo de Chus Mateo sumaba 13 consecutivos. “Si queremos buscar excusas podemos”, apunta Dusko Ivanovic, “pero este partido es totalmente diferente a los dos anteriores. Esta vez se ha visto a un Baskonia con carácter”.

Sin embargo, fue el principio del fin. Apretaron los de Vitoria hasta la bocina, con fe, aunque sin demasiadas fuerzas ya, pero el Madrid aguantó el tirón con Facundo Campazzo ejerciendo sus funciones de dique, y estará en la final a cuatro de Berlín, la tercera consecutiva, la sexta de las últimas siete disputadas.

“Es muy difícil mantener este nivel”, se felicita Chus Mateo. “Nosotros llevamos 74 partidos, el Baskonia, parecido”. Los cien seguidores madridistas desplazados a Vitoria, festejaban ruidosos en la grada cuando las cheerleaders ya se habían retirado y los aficionados, contentos con el partido de su equipo, pero tristes por el resultado, enfilaban desde Zurbano hasta Vitoria. El Madrid espera rival para semifinales –será el Barça o el Olympiakos–, y mira de reojo la resolución del resto de los emparejamientos.

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